dimarts, 31 de desembre de 2013

Último día del año y.

Pues a mi, sinceramente, que el último día del año llegue alguien anónimo que fijo que es jodidamente genial y me regale un ensayo hecho pensando en mi, pues... me hace acabar el 2013 entre lágrimas de emoción y enamoramiento entre líneas. 

Ensayo a unos labios de limón. 

La luz tenue del atardecer le ilumina media cara. Los árboles bailan al ritmo del viento y se oye la música del río de lejos. Ella sonríe, mirándolo todo y contándome alocados planes de futuro juntos. Mi mirada perfila su cara, su nariz puntiaguda, sus ojos oscuros y reflexivos, su melena agitada por la brisa. Ella habla y gesticula muy emocionada por todo lo que cuenta, se levanta y me enseña unos pasos nuevos de baile, me hace una reverencia al terminar y no puedo evitar reírme un poco. La fotografío mientras da vueltas debajo del sauce. Se va. Vuelve con su sonrisa pícara y un ramo de flores en la mano. Se estira a mi lado y miramos las nubes rojas que se mueven deprisa. Yo la miro. Podría estar horas así, sintiendo el cálido contacto de su mano en mi brazo, oyendo los acordes de sus ojos y las harmonías de su pelo, mirando las nubes.
Ella a lápiz, ella a acuarela, ella a palabras, ella a versos, ella a acordes. Y me vienen a la cabeza las últimas líneas que escribí para ella, y como encajan con el ahora y aquí:
“Color dorado, luz de tarde de primavera. Tarde de árboles que bailan al ritmo del viento. Tarde de ríos corriendo sin prisa, de pájaros que entonan melodías. De ti como respuesta. De ti como todo; como sol, como cielo azul, como buen tiempo. Como sonrisa, como emoción. Como otra sonrisa, una de curiosa. O desafiante, insinuadora. Como mirada profunda y observadora. O simplemente, sincera. Solo esta última me confunde. Color miel; color de magia; color de vida. Color de ti.”

F.

dimecres, 18 de desembre de 2013

¿Qué hacer?

¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer?

Creo que por primera vez en mi vida no sé hacia dónde avanzar. No sé hacia dónde mirar, qué pensar, con quién confiar, a quien tengo y a quién no, quién me quiere y quien me odia, y de que modo lo hacen. No lo sé. 
Por primera vez en mi vida me siento perdida. Más perdida que Nemo en una pecera, más perdida que Alicia en su país de maravillas o más perdida que Mia Wallace colocada. 
No tengo ni idea. No sé que hacer para sentirme realizada. No sé que hacer para sentirme como hace unas semanas. Sentía que podía con todo. Que todo salía bien. Que todo iba hacia su correcta dirección. 
Desmentiste mis dogmas y me dejaste tirada. 
De veras lo siento si te he hundido más aún. A veces no pienso, otras lo hago demasiado. A veces lloro y otras me lo guardo. A veces siento y otras también. 
Sola. Jodidamente sola me siento yo ahora mismo. Estoy delante de una pantalla pendiente de una persona que, o me quiere, o no me quiere o yo qué sé. ¿Y sabéis? Me importa tan poco si no me quiere, tan poco, que aunque fuera verdad seguiría aquí. 
Me mato a base de todas las canciones que me ha pasado, me mato a base de flores, me mato a base de sueños, me mato a base de esperanzas imaginarias o a base de esperanzas inexistentes. 
Me siento en el tren e imagino que voy a verte, cuando en realidad voy simplemente a fingir una sonrisa. 
¡Y joder qué tortura lo de vivir a base de 'no sé'! ¡Y qué martirio lo de solamente saber que le quiero!
Tengo 15 años. 15 putos años. Estoy escribiendo esto. Escuchando Coldplay y evitando mis sollozos. Esperando una respuesta a una pregunta que ya sé. Esperando a ver su sonrisa. Esperando a no ser triste. No a ser feliz, no. Simplemente a no ser triste. Solo quiero eso. 


¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer? 
¿Qué hacer cuando odias el mes en el que vives? 
¿Qué hacer cuando nadie te deja las cosas claras?
¿Qué hacer cuando no sabes a quién creer?
¿Qué hacer cuando crees a quien no sabes?
¿Qué hacer cuando quién te da la vida no quiere vivir?

dissabte, 14 de desembre de 2013

Ella es triste.


Y joder si lo es. ¿Que sería si no fuera de su tristeza? Ella es una persona triste. ¿Y qué más da? Hay gente que la quiere así. Con su tristeza, con sus bajones, con sus ojos apagados, y sus labios rojos. Con su pelo cortado improvisadamente y su flequillo de visera. 

Pero ella no lo ve. Se siente sola. Siente que en cualquier momento todos la abandonarán. SE refugia entre flores poesía y café porque entre esos tres elementos se siente realizada. No por nada más. Sí, seguramente le gustan. Seguramente sean sus tres cosas favoritas en este mundo, pero solo los usa de escudo. Igual que los libros, igual que las películas. Utiliza las cosas por dejar de pensar. 

'A veces va bien dejar de pensar.' le dijeron a ella, un día. 

Se siente bien hablando con gente como ella, no se siente tan sola. Se siente bien escuchando a gente que habla, no siente que lo hace en vano. 
Lo siente si a veces no oye algo a la primera, simplemente se le va la cabeza. Y piensa durante largos segundos en algo que se ha dicho antes de dejar de escuchar. Escucha canciones tristes, hace fotos tristes, baila triste, lee triste, ve todo lo triste y contempla el frío. 
A veces se congela pero a ella le da igual. 
'Me encanta el frío. Es tan parecido a la muerte.'
Siente. Es una persona sensible. Frágil en realidad. Y sí, a veces va de dura. Intenta ir de dura. 
Tiene amigas, claro que las tiene, y las quiere. Mucho. Mucho. Las aprecia. También mucho. Pero eh, no sé, no confía en ellas. No por nada, simplemente no quiere hacer que lo pasen mal. 
Y antes confiaba en gente que no conocía. Confiaba en desconocidos con preocupaciones. con los mismos miedos que ella. Ahora ya no. Pasa de eso. Pasa de hacer que la gente cargue más problemas de los que ya. Pero eh, aún así, ella está dispuesta a escuchar.
Ella, pero se ha dado cuenta de que si sigue así, perderá a todo el mundo. Y eso la aterroriza. Dios, no hay nada en este mundo que la asuste más que quedarse sola. 

¿Y si todos me abandonan? ¿Y si no tengo a nadie con quien reír? ¿Y si no tengo a nadie con quien soñar? ¿Y si no tengo a nadie con quien hablar por teléfono? Creo que me suicidaría si no tuviera a nadie, oh claro que sí. Claro que lo haría.

Hay sábados por la tarde en los que siente que no vale para nada. No vale ni para escribir, ni para dibujar, ni para vestir, ni para pensar, ni para revolucionar, ni para querer, ni para nada. 
Y ese nada el duele. Duele más un nada que un nunca. Es.. jodido eso de vivir sin saber dónde llegarás. Es jodido eso de no saber a quién tienes de verdad y a quién no. 
Porque personas que dicen que estarán hay miles, pero de las que se quedan hay pocas. 
Que jodida es la vida, y que putas se las hizo pasar. 

diumenge, 8 de desembre de 2013

En una esquina llena de.

Sentada en su habitación, en una esquina llena de llantos, ella lloraba por gente que sonreía. 

Cada lágrima era un nombre, o una palabra o un momento. El tiempo la malgastaba a ella y ella intentaba no malgastarlo a él. ¿Para qué hacerlo si él lo haría igualmente? Su ánima se iba erosionando hasta quedar plana y lisa como la hoja que usaba para descargar su rabia. El invierno había llegado; antes de tiempo en su interior y tarde en su exterior. Y seguía allí. 

Sentada en su habitación, en una esquina llena de recuerdos, ella recordaba por gente que olvidaba. 

Su interior era del color más oscuro, y sus ojos del color más cálido; paradoja que su mirada fuera la más fría. Era cómo un diamante rallado por un cristal. Tenía una sonrisa que parecía luz cuando dentro suyo solo había negrura. Era una persona triste que estaba contenta a momentos. Giraba, giraba, como si el viento la llevara. Ella sólo quería ser o aparentar ser feliz. Pero ella seguía allí.

Apoyada en su habitación, en una esquina llena de suspiros, ella suspiraba pidiendo ayuda a gente que oía pero no sentía. 

Esperando a que viniera esa mano que prometió tiempo atrás sujetarla cuando fuera a caer. Esperaba en vano, y ella lo sabía. Pero él le dijo que tuviera esperanzas, que las pusiera todas en él. Que a diferencia de otros no se iría, que él permanecería junto a sus sonrisas o lágrimas, que le daba igual si era una persona triste, o si estaba a veces contenta, que el la quería siendo como era. Y sí, ella esperaba en vano. Y sí, ella lo sabía. Pero aún así, seguía allí. 

Escondida en su habitación, en una esquina llena de desesperación, esperando a que volviera quién hacía tiempo que se había ido. 

No volvería y lo tenía presente. Pero aún recordaba el baile, las pisadas, las risas y su sonido. Los suspiros llenos de rosa, sus flores, sus abrazos y sus ayudas. Sus consejos que aún se repetía cuando se sentía sola, sus 'te quiero' que recordaba cuando no tenía a nadie. 

Poco a poco se iba pudriendo, por dentro. 
Nada florido, todo marchito.
Nada de rosas, todo ramas secas. 
Nada de lluvia, todo seco. 
Nada de luz, todo oscuro. 
Nada de vivo, todo de muerto.

diumenge, 1 de desembre de 2013

Colibrí.

Ese 18 de enero.

Que sí, que ha pasado mucho tiempo. 
Que sí que ya es más que humo. 
Que sí que ya debería olvidar datas. 
Que ya lo sé, que solo consigo hacerme daño. 
Pero me da igual. Estoy acostumbrada. 

Miles de canciones, alguna que otra carta, sueños, promesas, frases marcadas a fuego, datas, olvidos, lágrimas, risas, horas, noches, días, mañanas, buenos días, textos, sonrisas, más sonrisas, impotencia, bailes, más canciones, más películas, más noches y más tardes. Pizzas, bromas, risas, felicidad... Mucha felicidad.

Por lo menos él me hace ver que existo, me da una mínima importancia, de vez en cuando me tiene en cuenta. A veces me siento escuchada, quizás comprendida, a veces tengo con quién hablar, con quién reír, o quizás llorar.
Pero él eso no lo ve. No ve que hace mi vida un poco mucho mejor. Y me paro a pensar y digo; joder, la de veces que la hubiera cagado si no hubiera sido por él. La de veces que hubiera caído si no hubiera estado allí. Ese alguien que te complementa, ese alguien que hace del peor mes del año algo ansiado.

Maldito el pequeño colibrí capaz de mover montañas y cambiar opiniones.

Cumplió muchos de mis sueños inconscientemente. A su lado me siento pequeña, a su lado sé cómo seguir. Es la persona que más 'no sé' ha oído nunca, es la persona que mejores consejos me ha dado. Creo que es de las dos personas que más me ha soportado.

Y juro que no sé cómo darle las gracias por haber aparecido en mi vida, por la telepatía a primer follow que tuvimos, por  lo mucho que significa para mi y por lo mucho que me ha querido. Y es impotencia, pura impotencia no poder decirle todo esto a él directamente.

Vivo con la esperanza de que lo lea algún día. De que cumpla sus promesas. De poder abrazarle. De no sé. Realmente... Gracias, David,  por ser mi amigo e intentar conocerme

 Y ojalá todas encontréis un amigo cómo él.


dissabte, 16 de novembre de 2013

Cansancio.

Cuando me levanto y soy feliz por sentir, por primera vez, que no me como el suelo en vez del mundo, entonces es cuando sé que el día irá bien.

El tiempo transcurre, y ¿cómo se dibuja eso? 
¿Cómo se baila el paso del tiempo? Se baila a tiempo y con pasos, pero no es lo mismo. 

Siento que no puedo con todo, que poco a poco las lágrimas se apoderan de mi. Me gusta llorar pero luego me miro cómo me vería una segunda persona y paro, que horrible. Que horrible que una niña de 15 años llore por nada.
Y es que lo hago.
Lloro por nada. Lloro por todo. Sensible a buenas, y sensible a malas.
Sigo sólo adelante por que los que quiero lo necesitan, o eso me dicen. No tengo ningún otro motivo para hacerlo.
Siento que no llegaré a ningún lugar, que el mundo me comerá antes de que consiga proponerme comérmelo yo a él.
Mi vida es una competición con el café de cada mañana. ¡A ver quién es más amargo!

Creo que ya le he alcanzado por segunda vez.

Saltar y no pisar las líneas, y que todo el mundo te mire y piense:

Se cree que tiene 5 años. ¿Dónde va esta loca saltando por la calle?

Simplemente esta es una de las cosas que más igual me da. Lo que piense la gente de mi. De lo que hago. En realidad no. Depende. A veces sí que me da igual, a veces me da demasiado miedo.

Mi humor se basa en esto. En comerme el suelo, o comerme nada.

A veces no sé que es mejor, tener algo que no te hace ningún bien, o no tener nada. Supongo que la interpretación es personal. Mi interpretación siempre será negativa, eso lo tengo claro.

¿El vaso medio lleno o medio vacío? 
¿El mío? El mío no existe. No es que esté vacó, es que ya no hay ni vaso.

divendres, 18 d’octubre de 2013

Pequeños placeres.

Pequeños placeres que hacen de esta vida una cosa inmensa y pocos tienen en cuenta.

Tan pequeños cómo llevar calcetines en invierno, o beber un café a las 7 de la mañana un día cualquiera.
La simple mirada de buenos días que das a tus amigas y compañeros a las 8 cada día. O el simple hecho de ir por la calle y observarlo todo. El simple hecho de ir andando y pensar Joder, que estoy viva. Podría no ser yo. Ir por la calle con Thirty Seconds To Mars de fondo y pensar que en menos de dos semanas los verás en directo. O esperar los lunes y los viernes con impaciencia para ver lo que te entrega tu ídolo. O aún más pequeño aún, una simple sonrisa de esa persona tan especial que no te esperabas y te coge desprevenida.

¿Tengo o no tengo razón? Son esos pequeños momentos que grabados en hd haría la película perfecta.

Ver a alguien hacer el gesto que más veces repite, ya sea ponerse el pelo detrás de las orejas, morderse el labio o repicar con las uñas en la mesa. Adivinar el humor de alguien por el tipo de letra que hace, o por si su mirada está o no brillante.
Aislarte de la situación y verlo todo cómo si fueras un espectador. Observar las sonrisas, ponerlo a cámara lenta, silenciar las voces y encontrar la música adecuada para la escena.
 Pequeñas frases de películas cómo el Siempre nos quedará París o el Y en ese momento, juro que éramos infinitos. Personajes de libros que darías lo que fuera para que fueran reales, o simplemente ser ellos.
Fijarte en cómo va vestida la gente y estimar el tiempo que ha tardado en decidir que ponerse. Ir en tren y inventarte una historia para cada persona o para cada pareja mientras escuchas baladas de rock. Encontrar más encanto a la música en vinilo que en la de un disco compacto normal, pero sin superar la que se vive en directo. Ahorrar para conciertos, para cumplir tu sueño, para viajar y ver a personas importantes. Un te quiero por las mañanas o un te quiero inesperado. Tener capacidad para hablar, y o escribir.
Un simple viernes, noche de películas y palomitas. Un roce de manos involuntario o la simple suerte del principiante. Que tu actriz favorita gane unos premios o que estrene una película.
Saber que tienes ambiciones y lucharás por ellas, o el simple hecho de que tarde o temprano llegará alguien que te hará feliz y te querrá incluyendo a tus tonterías y tus malos días.

Son esos pequeños placeres que dan sentido a mi propia vida.

Soy esa chica.

Soy esa chica que en invierno abre las ventanas cuando parece ser delito.
Esa chica que va por la calle y camina en línea recta para ver quién se aparta y quién no.
Esa chica que come todo tipo de arroz, que sueña con tocar el piano y tener un pequeño sitio en el mundo del cine.
Esa chica que escribe entre lágrimas, y baila entre sonrisas. Con una música de fondo, que la hace mover cómo si nada ni nadie pudiese pararla.
Soy esa chica capaz de dormir 3 horas y levantarse a las 4 de la mañana con una idea y no parar hasta conseguir lo que quiere lograr.
Esa que ve las cosas dibujadas a lápiz, y las personas a través de una cámara. Esa que es feliz teniendo motivos para no serlo. Y la que está menos triste de lo que debería estar.
La que va por la calle dando vueltas y saltos sin tocar las líneas del suelo por miedo a quemarse.
Esa chica tonta que es más inteligente de lo que parece, y que odia ser subestimada por los que la rodean.
Soy esa chica que hace lo que quiere con su pelo, hace lo que quiere con sus palabras y hace lo que quiere con su ropa.
Esa chica a la que no le importa lo que los demás piensen de ella sin pasarse de la línea.
Esa chica que va por la calle y observa todas las caras que andan en dirección contraria.
La que abraza siempre antes de hablar, la que no puede mirar a los ojos a los chicos, pero sí puede fingir que lo hace.
Soy esa chica que cree que de todo lo que sueña se podría hacer una película o una novela.
Esa que no se quiere y sueña con que alguien logré hacerlo cómo le gustaría quererse a si misma.
Esa chica con la habitación y la mente desordenada. Esa que razona todo lo que dice y acepta sus erradas.
La chica que a veces se siente invisible y la misma que se agobia si muchos le hablan.
Soy esa chica que pasa desapercibida y está orgullosa de ello.

Soy esa chica querida por todo eso y odiada por lo mismo.

dimarts, 1 d’octubre de 2013

Para mi la felicidad es:

Oh.. para mi la felicidad es ver que todos los que quieres sonríen ya sea gracias a ti o gracias a una tercera persona. La felicidad para mi son los libros y sus miles de historias, adentrarte en una y llorar cuando se acaba por mucho que sea un final feliz. Ver una película y ver lo que el director quiere transmitir, entender las segundas intenciones y pillar las indirectas al vuelo. Grabar todas las pequeñas cosas que nadie tiene en cuenta pero que sin ellas no sobreviviría. Para mi la felicidad es un papel y un lápiz 2B, de esos simples con el culo rojo, crear dibujos o escribir pensamientos. Da igual. Para mi la felicidad es coger mi cámara (la cuál quiero mucho aunque no sea una reflex) y fotografiar todo lo que encuentro. Plasmar mis ideas en una simple foto, un simple escrito, un dibujo o una entrada en un simple blog. Para mi la felicidad es.. encontrar a alguien que esperabas abrazar desde hace mucho tiempo. O los cafés de por la mañana y el olor a lluvia en invierno. El olor a césped mojado, o a asfalto húmedo. Para mi la felicidad es colocarme unos auriculares y pasear por la calle como si esta fuera una pasarela. Ir al concierto de tus grupos favoritos y gritar a todo pulmón esas letras que has llorado. También son felicidad los nervios de antes de salir a un escenario, o antes de subir a un avión para ir a cualquier lugar lejos de dónde normalmente te encuentras. La felicidad es eso que ocurre mientras vas en coche o en tren o en cualquier medio de transporte, comiéndote en pocos minutos todas los kilómetros que has maldecido durante horas.  Para mi la felicidad es pisar Barcelona y pensar: Vale, aquí no importa lo que haga. No importa si sonrío por la calle. A nadie le importa por qué y cómo voy vestida. Aquí nadie me juzgara. Para mi la felicidad es ese 30 de enero, o ese 1 de agosto del verano pasado. O simplemente la respuesta a una pregunta, o la respuesta a una carta. Para mi la felicidad son cada una de las sonrisas que me provoca el tonto al que quiero. Y también lo es todas las mañanas junto a los buenos días. En realidad la palabra felicidad es muy abstracta. Creo que depende de cada uno, de lo que le haga sentir bien y lo que le haga sentir mal.  Y sí, para mi es demasiado fácil encontrar cosas que me hacen feliz.

dijous, 5 de setembre de 2013

¿Quemado o congelado?

Hoy he jugado a no pisar las líneas del suelo. Ha sido divertido, si pisabas una línea, estabas muerto. Si esta línea estaba entre dos rayuelas rojas, morías quemado. Si las rayuelas que la rodeaban eran blancas, morías congelado.
¿Qué es mejor morir quemado o morir congelado? 
¿Simplemente morir o morir simplemente?
Y que un  juego de niños pueda hacerte reflexionar, ¿qué irónico no? 
Y es que la vida es eso. Simples y complicadas ironías que te hacen pensar y te queman las reflexiones poco a poco hasta reducirlo todo en cenizas. 
Malditas cenizas estas que quedan en tus entrañas después de que ese alguien desaparezca. Jodido el vacío que te invade después de todo lo visto y oído. Grandes las ganas de terminar con todo cuando el te lo dije aparece de nuevo en tu mente. 
Que se vuelva imprescindible aquél que te ignora. Que se vuelva un desconocido aquél que te adora.
Que se aleje aquél que puedes tocar. Que se acerqué aquél que no puedes alcanzar. 
Y joder, girar encima de algo llano. Andar encima de algo que ruede.  
Preguntar sobre cosas sin respuesta, responder a cosas sin pregunta. 
Y cuando dices que estás sola por qué este alguien te ignora cuando más lo necesitas, en este jodido momento es cuando ignoras a aquellos que quieren ayudarte. No por nada, no lo haces a propósito. Simplemente sientes que todo lo que necesitas, todo a quien necesitas es esta persona, y si no tienes a esta persona no tienes a nadie. No tienes a nada. Te sientes muerto. 
¿Quemado o congelado? Qué más da.
 El caso es que te sientes sin vida.
La vida... Eso. Simples ironías que acaban contigo.

dijous, 29 d’agost de 2013

Excepciones.

Y el invierno llegó. Llegó en sus ojos, llegó en su alma, llegó en su ciudad. Las luces, algunas parpadeantes iluminaban la carretera. El frío cubría las aceras, y su respiración rápida se delataba por el vapor que de sus labios salía. Su pelo caía casi cubriéndole los ojos, alborotado, ya demasiado largo para su gusto. Le temblaban las manos, y no precisamente del frío. Puede que del defraude, quizás del alivio.
Se lo esperaba. Sólo se podía notar que lo esperaba. Sabía que le quería pero no lo suficiente. Él no le podía dar lo que ella deseaba, y eso le provocaba una impotencia descomunal. ¿Por qué no era él suficiente? ¿Y dónde quedó la leyenda que dice que los cabrones son los tíos y las engañadas las tías?
Encendió el cigarro y se paró encima de un puente. La noche caía por cada centímetro cuadrado. No había ninguna alma andante por ahí, a parte de un gato negro que corría sigilosamente por el borde de piedra. Quisiera ser un gato; pensó. Un gato negro. Deseándole la mala suerte a todos sin yo ser consciente de eso. ¿Por qué no? Saber caer de pie, sin daños colaterales. 
Tenerle miedo al dolor, intentar esquivarlo. Intentar pasar de largo, hacer cómo si no le importara. Lo intenta, pero sin embargo no puede. Peor que las matemáticas o la química. Peor que las lecciones o que la vida. Ver sus labios rosas encima de aquellos que le eran desconocidos.
Se atrevería a decir que echó dos años a la mierda. Ella... Él tardaría en asimilarlo. Desde un punto de vista exterior se podía ver que eran una pareja feliz. ¿Qué pasó? Que no todos los tíos son cabrones y no todas las tías son unas santas. Que no todos los tíos son unos dulces, y no todas las tías son unas putas.
Que hay excepciones en todo, y es que las reglas deben confirmarse.

divendres, 23 d’agost de 2013

S de siempre.

Y por lo menos ella me hace sentir que a alguien le importo, que alguien me quiere, no sé. Lo único que sé es que se ha ganado una buena parte de mi en menos de un año. Y qué año.
En un año he pasado de estar feliz a simplemente estar. Pero tener a personas que te ayudan a surgir de tus cenizas es reconfortante.
Cuando te sientes sola, o simplemente no quieres vivir, aparece una de las pocas personas que (verdaderamente) tienes, y te recuerda que vales, que no vives en vano, que tu vida tiene sentido, y que si no quieres vivir por ti misma, que lo hagas por ellos. Que te necesitan, que necesitan tu sonrisa, tu risa o tu humor (aunque sea de los peores). Que ellos hacen que tu vida cobre sentido, que ellos son capaces de dar un giro de 180 a tu día con un abrir y cerrar de ojos.
Hay las típicas personas que tienen miles de esos, miles personas con las quien compartir los buenos momentos, luego se hunden y ven que no tienen a nadie. Yo soy del pequeño porcentaje que tiene a sólo (y agradecida que estoy) dos personas, con quién contar en las malas y con quién disfrutar en las buenas. 
Ella sin duda es una. 
Estar con alguien y sentir que puedes con todo. Hablar con alguien y sentir que todo lo oscuro se ha ido. Pensar en alguien y decir: Se lo prometí y confió, y no, no le voy a fallar. Y entonces te paras, y piensas, y te preocupas y joder, ¿y si ella no cumple su promesa? ¿Y si ella no puede con todo? ¿Qué hago yo? Entonces te miras al espejo y ves que nunca serás tanto para ella cómo lo es ella para ti. Pero bah, qué más da. 

Silencio. 
Tiempo sin hablar. 
Ya has mejorado. 
O eso crees. 
Ella ya no está. 
Meses. (Quizás no tanto.) 
Pero ya nada es cómo antes.
 Quizás tu deberías preocuparte por ella. ¿No? 
Quizás es tu turno. 

Y sí, lo era. Era hora de dejar mis problemas de lado e intentar que su sonrisa apareciera cómo ella hizo con la mía. Y lo intentas, y juras, y prometes, y pones tu vida en ello. Que si tu haces x yo haré y. Pero no. Todo permanece allí. 

Y ahora. Al cabo de unos meses. Piensas... ¿Cómo se lo agradeceré? ¿Qué puedo hacer para devolverle todo lo que ha hecho por mi? 
Y sé que no puedo hacer nada, sé que mis palabras son en vano, y que mis promesas no funcionan. 
Y ya véis, la única alternativa que me queda es quedarme a su lado. Apoyarla en todo. Defensarla ante todos. Y pobre de aquél que le haga daño. Pobre de la zorra que se acerque a ella. Quizás es demasiado. No sé. si algún día se cansa supongo que lo notaré. Pero de mientras, déjame prometerte una cosa; de tu lado, yo no me muevo. 

Que tu y yo contra el jodido mundo, colega. Que esta S es de Siempre. O si no, te lo pido por favor... que lo sea. 


Te quiero. 

dimarts, 20 d’agost de 2013

Inocencia.

Y que todo vuelva a ser cómo antes. Nada de sufrimiento. Nada de lágrimas. Más sonrisas y más abrazos. Con la misma música y el mismo humor. Con los mismos amigos aunque ya hayan madurado. Haciendo el gilipollas cómo se hacía antes, y no haciéndose el maduro cómo se hace ahora.
¡Que las cosas antiguas aún se conserven!
Los viernes por la tarde; calle arriba, calle abajo. Un banco, un bar. Calle abajo, calle arriba.
Con dos grupos, quizás tres pero hablando entre todos. ¡Que las miradas surjan! ¡Que las sonrisas aparezcan!
Las mismas parejas que antes, intercambiando miradas entre si. Cuando el adulterio era cosa de niños, cuando los enojos no se tomaban en serio. Cuando con un simple perdón toda la malicia se iba, cuando la inmadurez tapaba la realidad.
¿Dónde quedó todo eso? ¿Quien lo enterró? ¡Maldita sea el que se llevo mi parte infantil!
¿Que es eso del sufrimiento? ¿Quien lo inventó? Corazón frío el suyo, queriendo que tanta gente las pase putas.
'Mal de amores' decían aquellos niños de 12 años cuando de amor no sabían ni el significado.
Sonrisas inocentes. Miradas sin malicia. Perdones sin rencor. Abrazos sin envidia. Besos sin celos. Pasos sin defraude. Y repetir mil veces: ¡Bendita sea la inocencia de aquellos que aún la poseen!

diumenge, 18 d’agost de 2013

Ella, junto a él.

Y lo tenía allí. Justo enfrente. Su mirada sobre sus ojos escondidos detrás de un mechón de pelo. Una sonrisa tímida apreció en sus labios y él acercó su mano a su cintura. Sus manos se pusieron en sus curvas tapadas simplemente por una simple capa de ropa, un simple camisón negro. Ella suspiró. El frío del invierno aún se interponía entre el contacto de los dos cuerpos. El contacto de sus dedos en la curva de su cadera hacía que todo su cuerpo se estremeciera. Él lo notó y acercó más su cuerpo al suyo. La blancura de la piel de ella contrastaba perfectamente con las manos morenas de él. El pie derecho de ella encajaban entre el espacio de los suyos. Eran cómo un dos piezas de dos puzzles diferentes que encajaban perfectamente. Su melena pelirroja, con la tenue luz que entraba por los ventanales hacía que su pelo fuera del color de un atardecer de otoño. No muy naranja, tampoco muy rojo. No muy oscuro, tampoco muy apagado. Vivo cómo el fuego, pero eso sí, sin quemar. Una sonrisa pícara apareció en los labios de él al estirar el lateral de sus bragas de encaje. Enrolló un mechón de su pelo en su dedo y lo tiró suavemente hacia abajo para poder mirarla directamente a los ojos. La boca de ella quedó ligeramente abierta. Él se mordió los labios y ella se acercó. Sus labios se rozaron y él la besó. Cómo si fuera el primero, aunque fuera el millonésimo beso que le daba aquella noche. Las manos de ella  se camuflaron entre el cabello negro de él. Él la hizo girar de manera que sus cuerpos quedaron cómo si bailando estuvieran. Primero su oreja, después su cuello, seguidamente su clavícula y a continuación perdió la noción del recorrido de su boca. Ella, junto a él, se olvidó del tiempo, ¿que importaban los minutos o las horas cuando se tenían mutuamente?

Ella, junto a él, se perdieron entre sábanas y almohadas.
Ella, junto a el chico que creía que la hacía feliz.
Ella, junto a el chico que por la madrugada marcharía y la dejaría sola.
Ella junto a él, el chico que no vería nunca más.

dissabte, 17 d’agost de 2013

Conciencia.


Puede que sea hora de cambiar. No sé. Dejar todas las preocupaciones atrás. ¿Empezar de 0 cómo si estuviéramos en Roma? Eso es ridículo. No, me refiero a empezar a ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Te será tan difícil cómo la última vez. Quiero decir; si ya hemos sido felices antes, ¿por qué no lo podemos ser ahora? Por que no te lo mereces. Es cómo ir en bici, creo. Una vez aprendes a serlo ya no puedes olvidar cómo ir. Pero tu ya no puedes salir de aquí, cielo. Necesito dejar de creer todo. Nunca estás segura de nada y esto te hace parecer vulnerable. Que es lo que soy, y siempre digo que la falsedad no me gusta... Pero parecer vulnerable hace que te subestimen, y al no creer en mi hacen que yo piense que tienen razón y entonces... me siento pequeña. Muy pequeña. Eres pequeña. Todos te superan y esto es así. Cómo si no perteneciera aquí. Necesito ser feliz... No, eso es mentira.  ¿Pero cual es el motivo? ¿Por qué no podemos ser normales? Quiero decir, hay gente que no es feliz del todo pero vive bien. Cayendo y volviéndose a levantar. Pero tu no puedes. Eres frágil.  ¿Quien ha decidido tu te levantas, tu te quedas abajo y aprendes, tu subes pero eh, tranquilo que luego volverás a caer? Tampoco es que te merezcas ser feliz. Pero si siendo feliz hago que los que quiero lo sean... ¿por qué no? No.  Pero eh, soy buena persona. Ayudo a los demás ¿no? Sí, pero ayudas por qué ellos te han ayudado. Es verdad... ¿Por qué siempre tienes razón? Es fácil convencer a gente frágil. Sí.. supongo que tienes razón. No valgo nada. No, no lo haces. 

divendres, 16 d’agost de 2013

Silencio.

La música sonaba. Pausa. Aquella melodía de piano que tanto penetraba. Pasos. Se sentía libre moviéndose junto la melodía. Vuelta. Poca gente sabe lo que es tener una vía de escapatoria. Salto. Las lágrimas caían por sus mejillas dejando un rastro de rímel difícil de borrar. Caída. ¿Cuantos años hacía que bailaba? 12 son muchos. Brazos. Cómo una pluma o cómo una roca. Ligera y sin dolor. Nunca nadie la había visto bailar de esa forma, intentando contar a las cuatro paredes que la rodeaban cómo se sentía, cuanto machacada y pequeña se sentía. Mirada. Sentirse libre dentro de unos zapatos. Inspira. Sentirse libre al respirar a ocho tiempos. Expira. Sentirse libre al saltar lo más alto posible. Inspira. Sentirse libre conversando con la música. Expira. Sentirse libre al caer correctamente. Inspira. Sentirse libre al girar seis veces seguidas. Expira. Sentirse libre al moverse tan fluidamente cómo su idioma lo hacía por sus labios. Inspira. ¿Y que era la vida si no bailar? Pasos.  Él estaba allí, mirándola cómo si deseara comerla con los ojos. Cadera. Estudiaba sus movimientos cómo si de un libro de texto se tratara. Cabeza. Sin camiseta y en pantalones. Con el pelo despeinado y unos ojos acabados de levantar. Pausa. Ella seguiría bailando haciendo ver que no lo veía. Salto. Mirada. Vuelta. No sabía si era fruto de su imaginación o si él cada vez estaba más cerca. Caída. La música llegaba a sus últimas notas. Silencio. 


'Bailas bien' dijo él moviendo sus labios lentamente. Ella fue hacia el reproductor de música. Aquella mágica caja que reproducía tan hermoso sonido. Siguiente. Respiraba lentamente mientras ella iba a su contratiempo. Play. 



Empezó una melodía. No cómo la otra sino esta vez más calmada. Pero los pasos rápidos quedaban bien en ella. Era.. una melodía flexible.


Ella empezó a moverse. Él lo hizo con ella. Sus cuerpos tocándose. Sus manos agarrándose. Él llevaba los pasos, ella llevaba los tiempos. Él miraba sus ojos. Ella miraba su sonrisa. Minutos de pasos, vueltas, pausas, miradas, caídas, saltos, brazos, caderas, cabezas, pies, silencios, inspiraciones y expiraciones que hacían una tensión sexual irreal. Seis minutos de canción. Seis minutos de real fantasía.

'Tu también bailas.' le dijo ella en medio de un sollozo.
'Sí. Por lo que se ve hablamos el mismo idioma.' dijo él haciéndola girar antes de poner su mano en su cintura.

Noche. Baile. Él. Ella. Desconocidos. ¿Por qué no?

dijous, 15 d’agost de 2013

Frío.

Sentada en un banco dando caladas al que sería su último cigarro. Con sus frágiles manos temblando escondidas debajo de su sudadera gris. Olía a él. El frío del invierno hacía de aquél olor más melancólico aún. Su largo pelo negro caía encima de sus hombros cómo una cascada en mitad de la noche, y su carmín resistía en sus labios dejando marcas en el cigarro. La noche caía y el frío se acumulaba en sus venas. Pero no, ella no podía moverse. Aquél lugar era sagrado. Cuando noches de tristeza, de melancolía o de depresiones la evadían, prefería salir y despejarse, que no pensar y asesinar sus pensamientos.
 Su mente era una página de filosofías las 24 horas diarias. Su corazón era una página ya quemada los 7 días semanales. Una calada tras otra, mientras el humo saliendo de su boca se evadía en la oscuridad cómo el anhelo de sus últimas palabras.  Sus pies ya estaban congelados. Las converse a aquellas épocas ya no cubrían el frío, pero sí acompañaban cómo siempre lo habían Hecho. Estaba a pocos pasos de la estación. A pocos pasos de un andén. A pocos pasos de un tren. A pocos pasos de tirarse o viajar. ¿Por qué no coger un viaje sólo de ida e ir al principio del mundo? ¿O a lo más alto de Nueva York? ¿O por qué no a Australia? ¿No decían que era el culo del mundo? Lo único que deseaba en aquél momento era desaparecer. Evadirse cómo el humo de su cigarro. Cómo el aire que salía de su nariz al respirar. Cómo el vapor de agua. La esperanza de volver a verle la abandonaba. El deseo de su piel contra la suya pero, permanecía intacto. Su canción seguía sonando. Coldplay podría ser perfectamente la banda sonora de su vida.


Lights will guide you home 
And ignite your bones 
And I will try to fix you 

Tears stream down your face 
When you lose something you cannot replace 
Tears stream down your face 
And I... 

'Maldita vida injusta.' Pensó. El cigarro se consumió y ella permaneció allí, sentada, esperando a ver si se le ocurría a él, ir al lugar dónde se habían conocido.



dimecres, 14 d’agost de 2013

Fobias y hechos.

Ojos vacíos. Labios pálidos. Mejillas con rímel. Manos temblando. Barriga hacia dentro. Rodillas que no aguantan. Pelo que cae poco a poco. Lágrimas que derraman tristeza deprisa. Corazón que no siente desde hace tiempo. Alma rota desde su primer beso. Vista gris de todo lo que la rodea. Sonrisas que se borraron. Vida que en pocos días terminará. Muñecas llenas de rabia en forma de cortes. Te quieros que ya no importan. Que ya no afectan en absoluto. Insultos que te acabas diciendo tu misma. Abrazos regalados a cambio de sonrisas. Besos regalados después de las lágrimas. Noches llorando. Mañanas llenas de sonrisas falsas. Tenía miedo de sus acciones. Grima de sus pensamientos. Miedo de que sus pesadillas se hicieran realidad. Miedo de que sus sueños permanecieran sueños. Miedo de que sus pies ya no volvieran a bailar. Miedo de lo que diría la gente acerca de ella. Miedo de lo que pensarían los que la rodean. Miedo de las puñaladas por la espalda. Miedo de las mentiras que llegaría a creer. Miedo de que todo terminara mal. Miedo de no llegar a verle. Miedo de perderla a ella también. Miedo de no sobrevivir a un año más. Miedo de quedarse sola. Miedo a ver solo oscuridad. 

30012013J.

'¿Y qué más da? ¿A quién le importa si vivo o muero? Si ya nunca nadie se preocupa por mi.' pensaba entonces. Cuchilla en mano, lágrimas en mis mejillas.
'Eh, no te asustes, eso ya lo has hecho antes.' decía la voz que nunca me abandona, 'simplemente esta vez tienes que presionar más.'
Y mi cabeza no tenía cosas más importantes que hacer que twittearlo.
'Déjate de tonterías y termina ya con todo.' me dijo una vez más.
De repente, quise despedirme. Quise despedirme de esas personas que siempre quisieron verme feliz, hacerme sonreír y hacer cómo si la vida fuera de color rosa. Les agradecía su inocencia. Simplemente me hacían ver más abstracta la realidad.
'Puedes, puedes, puedes, puedes...' repetía.

Y entonces apareció él. Con un simple mensaje que decía: ''No soy quién para meterme pero...'' ¿Qué quiere este ahora? Pensé.
Me educaron para ser amable con la gente así que respondí por simple cortesía. Nunca había hablado con aquél desconocido. Ni siquiera sabía del cierto si era chico o chica.
'En serio, no estoy por tonterías.' pensé. 'Siempre me ha gustado desahogarme, pero, ¿con un desconocido? ¿Y que representa que le tengo que contar?'
Dejé de pensar. Dejé el pequeño trozo de metal en la mesita de noche. Dejé que mis lágrimas cayeran por mis mejillas. Hacía frío. Ni mis dos jerséis podían descongelar el hielo de mis entrañas.
De repente, los dedos se movían solos. Escribir. 140 letras. Enviar. Escribir. Enviar. Escribir. Enviar. Escribir. Enviar. Creo que nunca había contado tanto a alguien. ¿Y por qué a un desconocido? Seguro que él no me juzgaría. Ni siquiera sabía mi nombre.
El hecho de que no te pregunten el nombre ni que te pasa, el hecho de que sólo te den motivos para seguir adelante. Motivos que para ti no son válidos, pero analizados valen la pena.
Y así pasó el tiempo. Hablando de sufrimiento guardado demasiado tiempo.

Un desconocido que pasó a ser lo único que tengo. El único que me ayuda. El único que intenta entenderme.
Y es que cuando el dolor se acumula en el alma, acaba perforándola y dejando ir ese negro sentimiento poco a poco.

Cojines de pluma, rímel en las mejillas, uñas marcadas en la palma de la mano. Un desconocido. Preocupación. Una mañana.

La mañana del 30.

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