dissabte, 16 de novembre de 2013

Cansancio.

Cuando me levanto y soy feliz por sentir, por primera vez, que no me como el suelo en vez del mundo, entonces es cuando sé que el día irá bien.

El tiempo transcurre, y ¿cómo se dibuja eso? 
¿Cómo se baila el paso del tiempo? Se baila a tiempo y con pasos, pero no es lo mismo. 

Siento que no puedo con todo, que poco a poco las lágrimas se apoderan de mi. Me gusta llorar pero luego me miro cómo me vería una segunda persona y paro, que horrible. Que horrible que una niña de 15 años llore por nada.
Y es que lo hago.
Lloro por nada. Lloro por todo. Sensible a buenas, y sensible a malas.
Sigo sólo adelante por que los que quiero lo necesitan, o eso me dicen. No tengo ningún otro motivo para hacerlo.
Siento que no llegaré a ningún lugar, que el mundo me comerá antes de que consiga proponerme comérmelo yo a él.
Mi vida es una competición con el café de cada mañana. ¡A ver quién es más amargo!

Creo que ya le he alcanzado por segunda vez.

Saltar y no pisar las líneas, y que todo el mundo te mire y piense:

Se cree que tiene 5 años. ¿Dónde va esta loca saltando por la calle?

Simplemente esta es una de las cosas que más igual me da. Lo que piense la gente de mi. De lo que hago. En realidad no. Depende. A veces sí que me da igual, a veces me da demasiado miedo.

Mi humor se basa en esto. En comerme el suelo, o comerme nada.

A veces no sé que es mejor, tener algo que no te hace ningún bien, o no tener nada. Supongo que la interpretación es personal. Mi interpretación siempre será negativa, eso lo tengo claro.

¿El vaso medio lleno o medio vacío? 
¿El mío? El mío no existe. No es que esté vacó, es que ya no hay ni vaso.

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