divendres, 16 d’agost de 2013

Silencio.

La música sonaba. Pausa. Aquella melodía de piano que tanto penetraba. Pasos. Se sentía libre moviéndose junto la melodía. Vuelta. Poca gente sabe lo que es tener una vía de escapatoria. Salto. Las lágrimas caían por sus mejillas dejando un rastro de rímel difícil de borrar. Caída. ¿Cuantos años hacía que bailaba? 12 son muchos. Brazos. Cómo una pluma o cómo una roca. Ligera y sin dolor. Nunca nadie la había visto bailar de esa forma, intentando contar a las cuatro paredes que la rodeaban cómo se sentía, cuanto machacada y pequeña se sentía. Mirada. Sentirse libre dentro de unos zapatos. Inspira. Sentirse libre al respirar a ocho tiempos. Expira. Sentirse libre al saltar lo más alto posible. Inspira. Sentirse libre conversando con la música. Expira. Sentirse libre al caer correctamente. Inspira. Sentirse libre al girar seis veces seguidas. Expira. Sentirse libre al moverse tan fluidamente cómo su idioma lo hacía por sus labios. Inspira. ¿Y que era la vida si no bailar? Pasos.  Él estaba allí, mirándola cómo si deseara comerla con los ojos. Cadera. Estudiaba sus movimientos cómo si de un libro de texto se tratara. Cabeza. Sin camiseta y en pantalones. Con el pelo despeinado y unos ojos acabados de levantar. Pausa. Ella seguiría bailando haciendo ver que no lo veía. Salto. Mirada. Vuelta. No sabía si era fruto de su imaginación o si él cada vez estaba más cerca. Caída. La música llegaba a sus últimas notas. Silencio. 


'Bailas bien' dijo él moviendo sus labios lentamente. Ella fue hacia el reproductor de música. Aquella mágica caja que reproducía tan hermoso sonido. Siguiente. Respiraba lentamente mientras ella iba a su contratiempo. Play. 



Empezó una melodía. No cómo la otra sino esta vez más calmada. Pero los pasos rápidos quedaban bien en ella. Era.. una melodía flexible.


Ella empezó a moverse. Él lo hizo con ella. Sus cuerpos tocándose. Sus manos agarrándose. Él llevaba los pasos, ella llevaba los tiempos. Él miraba sus ojos. Ella miraba su sonrisa. Minutos de pasos, vueltas, pausas, miradas, caídas, saltos, brazos, caderas, cabezas, pies, silencios, inspiraciones y expiraciones que hacían una tensión sexual irreal. Seis minutos de canción. Seis minutos de real fantasía.

'Tu también bailas.' le dijo ella en medio de un sollozo.
'Sí. Por lo que se ve hablamos el mismo idioma.' dijo él haciéndola girar antes de poner su mano en su cintura.

Noche. Baile. Él. Ella. Desconocidos. ¿Por qué no?

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