diumenge, 29 de juny de 2014

Eran gasolina.







Y él observaba la nada
y su café quemaba,
mientras ella le amaba
por debajo aquella mesa
con tanto anhelo que,
con tan solo un suspiro,
seguro que enfriaba el café.

Que ya sabían que olían a gasolina, pero que el amor era como el agua, y que ambas cosas no eran solubles. Prometieron demasiadas cosas antes de que se necesitaran el uno al otro, cosas ya imposibles, cosas que ya carecían de sentido.
Y eran, ellos dos, como dos polos positivos de un imán. Les consumía una relación amor-odio de lo más frustrante. Se querían, se deseaban, se anhelaban, y justo segundos después se querían a matar, se querían a tiros, se mataban a flores. 
'Cosas de la vida' decía y predecía, que tenían y siguen teniendo mil maneras y mil angulos y planos de ser vistas. 
Y que ni Venecia olía tan mal como sus miradas lo hacían. Se olía sofre, se olía (s)odio, estupideces de estúpidos enamorados y frases entre comillas que algún día ebrios pronunciarían. 
Eran como la cabeza y el culo del mundo, el norte y el sur, tan iguales, tan "solo quiero mantenerme entero". 
Tan "todos los demás hacen que me deshaga poco a poco", que si hasta cerrabas los ojos y lo veías todo negro, sabías que eran demasiado iguales como para estar juntos. Tan iguales y distintos que acabarían siendo distantes e inigualables.

Palabras escritas en un pasado viaje a Venecia. Palabras de un pasado que por casualidad y desgracia alguna son mi presente. Y no. No jugaba a adivinar el futuro, pero M, te echo de menos.

dimecres, 18 de juny de 2014

Tu cigarro de liar.

Empecemos con decisiones. 

Decido las cosas por mi capacidad de escribir. Cuando algo no puede ser escrito es que no vale la pena o que he errado. Y solo quería dejar constancia en esta página que quedará en el olvido de su sonrisa escudo y mis 'no sé' constantes, de mis yo soñando que pasa horas escuchando su voz y sus pensamientos paranoicos, que 'las cosas son así, y no porque caigas van a cambiar'. Que despierto imaginando que soy el cigarro de liar que se fuma cuando estoy cerca, pero que no debo decir ni nombrar que si no se siente mal. Seguiría nombrando las mil y una patadas que mi corazón da a mi coraza pero eso ya es obvio. Solo hace falta ver mi cara de tonta dramática mientras pienso en lo que escribo, en lo que me dice y en lo que me diría y escribiría si fuera poeta.
Me pregunto en ocasiones si tan solo se trata de una obsesión, de si realmente no me desea y anhela tanto como a su cigarro de liar. 
Que la noche será nuestra algún día y que nuestro Ford Mustang verde botella el mejor lugar para gemir es de lo más obvio, lo que no tengo tan claro es si realmente el tiempo tanto nos querrá como para hacernos llegar a tan larga edad. 
'Un drogata y una suicida' me dijiste, 'lo nuestro sería un buen drama.' reíste. 
Y sí, pero no. No lo sería, lo es. 
Es que seremos capaces de llenar peces globos de verdades y confesiones. Que antes que el amor va la confianza y si una cosa se pierde la otra se va. Es ley de vida, igual que tu rompes caras por mi y yo me siento inútil por solo saber nada más que derramar lágrimas por ti.
Sigo pensando que un testamento mural no es más que un garbato con sentimientos. Una fecha e iniciales. Poco más a parte de tinta. Mejor dejémonos la piel o dejémonos en la piel todo lo que queramos decirnos, pero con intensidad media, que para dañarnos ya existe el variado aleatorio que con cada pieza nos perfora con un tiro.
Y maldita canción la que tu me ofreciste, la que tu me tocaste, la que tu me miraste, la que tu me enviaste, la que tu me introdujiste, la que tu me perforaste, la que tu hiciste nuestra. Un rock n' roll en una terraza llena de humo y tensión sexual. 
Poco más. 
Mucho menos.

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