dijous, 15 d’agost de 2013

Frío.

Sentada en un banco dando caladas al que sería su último cigarro. Con sus frágiles manos temblando escondidas debajo de su sudadera gris. Olía a él. El frío del invierno hacía de aquél olor más melancólico aún. Su largo pelo negro caía encima de sus hombros cómo una cascada en mitad de la noche, y su carmín resistía en sus labios dejando marcas en el cigarro. La noche caía y el frío se acumulaba en sus venas. Pero no, ella no podía moverse. Aquél lugar era sagrado. Cuando noches de tristeza, de melancolía o de depresiones la evadían, prefería salir y despejarse, que no pensar y asesinar sus pensamientos.
 Su mente era una página de filosofías las 24 horas diarias. Su corazón era una página ya quemada los 7 días semanales. Una calada tras otra, mientras el humo saliendo de su boca se evadía en la oscuridad cómo el anhelo de sus últimas palabras.  Sus pies ya estaban congelados. Las converse a aquellas épocas ya no cubrían el frío, pero sí acompañaban cómo siempre lo habían Hecho. Estaba a pocos pasos de la estación. A pocos pasos de un andén. A pocos pasos de un tren. A pocos pasos de tirarse o viajar. ¿Por qué no coger un viaje sólo de ida e ir al principio del mundo? ¿O a lo más alto de Nueva York? ¿O por qué no a Australia? ¿No decían que era el culo del mundo? Lo único que deseaba en aquél momento era desaparecer. Evadirse cómo el humo de su cigarro. Cómo el aire que salía de su nariz al respirar. Cómo el vapor de agua. La esperanza de volver a verle la abandonaba. El deseo de su piel contra la suya pero, permanecía intacto. Su canción seguía sonando. Coldplay podría ser perfectamente la banda sonora de su vida.


Lights will guide you home 
And ignite your bones 
And I will try to fix you 

Tears stream down your face 
When you lose something you cannot replace 
Tears stream down your face 
And I... 

'Maldita vida injusta.' Pensó. El cigarro se consumió y ella permaneció allí, sentada, esperando a ver si se le ocurría a él, ir al lugar dónde se habían conocido.



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