diumenge, 1 de desembre de 2013

Colibrí.

Ese 18 de enero.

Que sí, que ha pasado mucho tiempo. 
Que sí que ya es más que humo. 
Que sí que ya debería olvidar datas. 
Que ya lo sé, que solo consigo hacerme daño. 
Pero me da igual. Estoy acostumbrada. 

Miles de canciones, alguna que otra carta, sueños, promesas, frases marcadas a fuego, datas, olvidos, lágrimas, risas, horas, noches, días, mañanas, buenos días, textos, sonrisas, más sonrisas, impotencia, bailes, más canciones, más películas, más noches y más tardes. Pizzas, bromas, risas, felicidad... Mucha felicidad.

Por lo menos él me hace ver que existo, me da una mínima importancia, de vez en cuando me tiene en cuenta. A veces me siento escuchada, quizás comprendida, a veces tengo con quién hablar, con quién reír, o quizás llorar.
Pero él eso no lo ve. No ve que hace mi vida un poco mucho mejor. Y me paro a pensar y digo; joder, la de veces que la hubiera cagado si no hubiera sido por él. La de veces que hubiera caído si no hubiera estado allí. Ese alguien que te complementa, ese alguien que hace del peor mes del año algo ansiado.

Maldito el pequeño colibrí capaz de mover montañas y cambiar opiniones.

Cumplió muchos de mis sueños inconscientemente. A su lado me siento pequeña, a su lado sé cómo seguir. Es la persona que más 'no sé' ha oído nunca, es la persona que mejores consejos me ha dado. Creo que es de las dos personas que más me ha soportado.

Y juro que no sé cómo darle las gracias por haber aparecido en mi vida, por la telepatía a primer follow que tuvimos, por  lo mucho que significa para mi y por lo mucho que me ha querido. Y es impotencia, pura impotencia no poder decirle todo esto a él directamente.

Vivo con la esperanza de que lo lea algún día. De que cumpla sus promesas. De poder abrazarle. De no sé. Realmente... Gracias, David,  por ser mi amigo e intentar conocerme

 Y ojalá todas encontréis un amigo cómo él.


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