dimecres, 30 d’abril de 2014

Nada. No he dicho nada.

Debería, quizás abandonar las historias tristes y rosas. Hablar de pasados, y dejarme de imposibles. Dejar mi mente sin su dosis de ti y tu risa, y llenarla mediante mis oídos de revoluciones y rock n' roll.
Debo admitir que no eramos más que cigarrillos de segunda mano, manchados de carmín y fumados por tristeza, hoy en día consumidos y más deshechos que pisados. Y que la idea sigue sin disgustarme, pero tampoco me enamora. No como lo logró esa mirada sincera, contrastando con Barcelona, tan cerrada y llena de secretos.
Quizás algún día te des cuenta que no se trata de merecerme o no, (ya que de hecho, todos merecen a alguien mejor), sino que se trata de aliviar el dolor de ser tu mismo. Da igual como.
Quizás bailando swing, quizás follando rock, quizás sonríendo twist o quién sabe si soñando bals. El caso es olvidar, aliviar, disminuir, evaporar, diluir, fusionar el dolor con los sentimientos que tu cocinabas antes en mi.
Ácido limón y tus comentarios espontáneos. Dulce caramelo o tus labios nocturnos. Amargo café o tu humor por la mañana. Salado y azul junto a tus lágrimas caídas.
No sé ni quiero saber qué ocurrió. Ni siquiera viviendo en primera me di cuenta de que el tiempo nos erosionaba como agua y piedra y río y frío.
Ofrecía mis manos para hacerte olvidar, mientras tus labios besaban cigarros que bah, ni sentían ni herían (que en realidad sí). Aunque me gusta pensar que no es necesario todo este festival de te quieros falsos y confianza verdadera. Podríamos simplemente ser. Tu y yo. Sin adjetivos ni verbos con función sustantiva. ¿No te parece?
No, a mi tampoco.
Quizás deberíamos seguir respirando caladas de humo nocturnas de esas que no solo aprecian los gatos. Sí. Quizás no deberíamos cambiar nada. Ni siquiera nuestros comentarios literarios sobre obras de arte de hispanoamericanos de nacionalidad francesa. Es que ni los cafés con una y media de azúcar deberían cambiar. Todo igual. Todo sigue igual.


Haremos como si no he dicho nada. Como si mis palabras fueran silencio y el silencio lo dijera todo. (aunque esto no suela pasar.)




















dilluns, 21 d’abril de 2014

Lluvia de gatos.

La noche era suya. Su amiga. Su compañera de sueños, su amante de aventuras, su enemiga de promesas, su mujer de dolor.
Compañera de vida oscura que conjunta con el humo de su cigarro.
Demasiada poca trayectoria para tanta tristeza. Sonrisa sarcástica bajo una coraza débil.
Fe en la mala suerte y en los gatos negros. Enamorado de la lluvia y quizás de alguien más. De pocas palabras y demasiado que decir.





Esperaba sentado a que algo interesante pasara con su vida, lo que no sabía era que él ya lo era.
De cine en cine, fila 13 asiento 3. Veinticuatro fotogramas por segundo y una calada cada cuatro. Andaba por la vida con las manos en los bolsillos sintiéndose y queriendo a los años ochenta. Con rock n' roll de fondo, y batidos a 5$. Deseando fotografiar bellas ciudades en blanco y negro que encantadas posarían delante de su fijo objetivo. Llenando libretas de sus mierdas a lápiz, mierdas que hacen de este mundo un sitio mucho mejor.
Personas como él faltan en este mundo. O no. No sé. Quizás mejor dejamos que sea único y que continúe encantando a la gente. Dejamos que sea él de las pocas personas interesantes que he encontrado en este mundo, por muchas veces que no sepa de que hablar, por muchas veces que conteste con monosilabos. Tampoco puedo escribir mucho sobre él. Solo para que os hagáis una idea de que personas geniales no faltan, pero sí están lejos.



















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