dilluns, 21 d’abril de 2014

Lluvia de gatos.

La noche era suya. Su amiga. Su compañera de sueños, su amante de aventuras, su enemiga de promesas, su mujer de dolor.
Compañera de vida oscura que conjunta con el humo de su cigarro.
Demasiada poca trayectoria para tanta tristeza. Sonrisa sarcástica bajo una coraza débil.
Fe en la mala suerte y en los gatos negros. Enamorado de la lluvia y quizás de alguien más. De pocas palabras y demasiado que decir.





Esperaba sentado a que algo interesante pasara con su vida, lo que no sabía era que él ya lo era.
De cine en cine, fila 13 asiento 3. Veinticuatro fotogramas por segundo y una calada cada cuatro. Andaba por la vida con las manos en los bolsillos sintiéndose y queriendo a los años ochenta. Con rock n' roll de fondo, y batidos a 5$. Deseando fotografiar bellas ciudades en blanco y negro que encantadas posarían delante de su fijo objetivo. Llenando libretas de sus mierdas a lápiz, mierdas que hacen de este mundo un sitio mucho mejor.
Personas como él faltan en este mundo. O no. No sé. Quizás mejor dejamos que sea único y que continúe encantando a la gente. Dejamos que sea él de las pocas personas interesantes que he encontrado en este mundo, por muchas veces que no sepa de que hablar, por muchas veces que conteste con monosilabos. Tampoco puedo escribir mucho sobre él. Solo para que os hagáis una idea de que personas geniales no faltan, pero sí están lejos.



















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