dimecres, 5 de febrer de 2014

No-normas.



Podríamos hablar de no-normas, de esas cuatro palabrerías escritas en un papel, a veces con suerte en un cartel, que te incitan a hacer exactamente lo contrario a lo que dicen.
'Que no toque, dice' que como buena rebelde con causa, que como buena admiradora de James Dean, digo y desdigo que tocaré y retocaré con todas las partes del cuerpo dicho objeto in-tocable casi in-visible.
Es como que me digan que no te quiera. Para decirme eso que hablen de imposibles, que es menos de lo mismo. Es como susurrarme lentamente al oído que no grite mientras lo hago. Lo mismo que decirle a una niña de cinco años con faldas exageradamente ligeras que no gire, al ver que siente el aire entre sus extremidades inferiores y al ver su falda hincharse como si de una amapola invertida se tratara.
Intentar que alguien cumpla las normas es de tontos, tan inútil como lo que aprendo sentada siete horas diarias, tan menos útil como lo que he aprendido yo sola viviendo.
Dile tu a una niña triste que no arranque la rosa marchita. Dímelo a mi, que haré como quién oye el viento. Que haré como quién ve el oxigeno. Que haré como quién nota la sangre. Que haré como quién entiende el chiste a la primera.
Es como suplicarme que no sueñe imposibles, que me des-enamoré de él, que deje de mirar nuestra película que deje de escuchar nuestras canciones.
Al igual que pedirle a la tierra que se allane, lo mismo que pedirle al mar que se vaporice.
¡Pedís imposibles a personas que a la de no ya dicen sí, y a la de sí ya lo niegan todo y más!
¡Hagamos de su piel pura poesía, y de sus ojos arte puro!
¡Pidamos al cigarro consumido que se re-construya otra vez!
¡Roguemos al vapor de agua que en agua húmeda se convierta de nuevo!

Estupideces y demás, pérdidas de tiempo en advertencias que serán destrozadas, pisadas, y menospreciadas, hasta puede que por el mismo que las ha creado en otro sitio.

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